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viernes, 22 de enero de 2010

TEXTO DE LA PRESENTACIÓN DE nacho gonzález EN EL FNAC


Buenas tardes,

antes de nada, me gustaría presentar mis agradecimientos, en nombre de los que a esta mesa se sientan, a la Fnac por haber brindado su casa para la presentación de este libro -con el mérito añadido de que es un libro de poemas y relatos cortos- y a todos ustedes por su asistencia.

Un buen amigo me ha pedido que ejerza de presentador aquí, esta tarde, de la obra que tienen sobre esta mesa. Pero lamento mucho, Javi, que pueda yo presentar nada. Fundamentalmente, porque lo vuestro es impresentable.

Impresentable porque no se puede hacer algo más público y más evidente, más gratuito, más necesario y, en definitiva, más enriquecedor para el ser humano. Aquí tienen ustedes, señoras y señores, expuestos a la luz pública y para enjuiciamiento del respetable, a los miembros del colectivo Aina Libe, o, lo que es lo mismo, una planta que anduvo para ver a alguien, una gata perra callejera, un corazón que bombea sangre a cámara lenta y un viejo comerciante de amores con maestras y catequistas.

Se les acusa de entregar a cambio de la más absoluta NADA un puñado de emociones. De saltarse las normas con la abyecta intención de hacer feliz a un desconocido. De robar el corazón al malhumorado conciudadano. De traficar con la esperanza de los que ya no esperan nada. De violar la calle con peligrosos juegos de palabras. De estafar a los bienpensantes con imágenes cargadas de herramientas para pensar. Y de convertir en cómplices, con papel y lápiz, a indefensos transeúntes.

Se esconden tras la maliciosa definición de ser "una ong sentimental, circular y retroactiva". Yo creo, en cambio, que son una panda de poetas locos, como a mí me gusta llamarlos. Porque sólo desde su bendito desvarío -tan parecido al de los borrachos y al de los niños- se entiende que hayan llegado hasta donde han llegado.

Para mí, y creo hablar en nombre de todos aquellos que los conocemos, los sufrimos y los adoramos, son una especie de cuatro "reyes midas" de las palabras, capaces de convertir un escaparte abandonado -¿hay mayor símbolo de la aspereza de los tiempos que nos han tocado vivir, que un escaparate vacío?-, en expositor de sentimientos anónimos; un puente, en tendedero de emociones; la torre mayor de la ciudad -por cierto, gracias, chicos, por aquella inolvidable mañana y la oportunidad de hacer aquella foto- en niña mareada en un tiovivo que al bajar vomita poesía; las piedras de una playa, en pisapapeles de pensamientos; botellines de cruzcampo, en libros cargados de poesía; y las cadenas que protegen a San Fernando, en estrofas de un soneto inacabado.

¿Desvarío? ¿Insensatez? ¿excentricidad? ¿locura? Vayan, corran al salir de aquí, a comprobar quién está más loco. Si cuatro especímenes entregados, con la libertad por bandera, a hacer felices a los demás a cambio de una sonrisa, o los habitantes de un mundo donde la Tierra tiembla para hacer más miserables a los miserables; donde un tercio de la población vive bajo el umbral de la pobreza mientras los otros dos tercios miran para otro lado; donde se han esquilmado los recursos naturales para alterar, irremediablemente, el curso de la naturaleza en beneficio de una única especie... ¿quién está más cuerdo?

Voy a cometer una osadía: leer un poema en presencia de cuatro poetas y del respetable aquí presente. No os preocupéis, no voy a destrozar ninguna de vuestras creaciones. Eso lo dejo a vosotros. El texto es un extracto de un poema que en 1897 el francés Edmond Rostand escribió sobre la vida del poeta Cyrano de Bergerac. No encuentro mejores palabras para presentar a Aina Libe. Dice así:
(a la espera del envío de la cita por parte del autor)

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