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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Manifiesto sobre lo manifiesto

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Me repugna el mundo del arte contemporáneo.

Me produce arcadas la desfachatez con la que los nuevos creadores abusan de la ingenuidad del público, ese público siempre bienintencionado, paciente y pasivo. Me enerva la actitud paternalista de las instituciones públicas, con sus estúpidas becas, premios y subvenciones cuya sóla finalidad es amamantar con el dinero público a una camada de vagos y vividores, una vergonzosa y variada prole de artistuchos que trabajan y viven en la superficialidad más absoluta, confraternizados bajo la ley del mínimo esfuerzo y el mimetismo más descarado.

Me repugna profundamente que esta caterva de vagos, arribistas y vivalapepas, enarbolen el sacrosanto estandarte del arte desde su sebosa mediocridad, etiquetandolo todo con sus neologismos estúpidos, con sus asquerosas mentes corrompidas por el aburguesamiento y el hedonismo, con sus egos inflados a base de cuantiosas subvenciones que nosotros pagamos y que ellos compiten entre sí por gastar de la manera más irrespetuosa y descarada.

Un artista bien alimentado, con su boina Kangol y rebosante de technogadgets, no tiene nada que decir. Nada que a mí, al menos, me pueda interesar.

Un creador de verdad no necesita becas. Un creador de verdad no necesita subvenciones. Porque si eres artista no puedes evitarlo, simplemente lo eres. Y no necesitas que el Estado te de dinero para que te esfuerces en serlo. Ya lo eres.
Las becas se otorgan para conseguir un determinado fin. Y ¿cuál es el fin de un artista? ¿ser famoso? ¿ser millonario? ¿ser reconocido? Si te estás siquiera planteando eso mejor dedícate a otra cosa. Mariposa. Al sector inmobiliario, por ejemplo, o a la política...
Porque Picasso pintaba de crío sus acuarelas en el papel aceitoso de envolver churros. Y ni tú ni ningún niño de papá como tú, con su MacBook platino y tus camisetas de Carnaby Street le llegará a la suela de sus desgastadas chancletas malagueñas por más subvenciones, premios y becas que consigas.

Porque con cada beca que recibes te vuelves más acomodado, con cada premio que recibes te vuelves más egoísta y prepotente y con cada subvención que consigues te vuelves más apático y adocenado. Porque para acceder a esas regalías estatales debes prostituirte, debes dejar de lado tu creatividad, debes dejar de hacer lo que realmente quieres, debes dejar de ser auténtico, debes moverte dentro de los estándares de lo que ya existe, de lo que se "suele premiar".

Si quieres lo que todos, haz lo que todos.

Cada limosna que recibes del estado está aniquilando tu libertad creativa, está aplastando tu misma esencia como creador. El arte se vuelve entonces un instrumento para conseguir un fin; dinero fácil. Ya no eres un creador único, ni tu obra es personal, eres un mendigo más. Una puta barata más.

Por eso tanto plagio, por eso tanto mimetismo, por eso tanto deja vú, por eso tanta cobardía, por eso tanta mediocridad.

Pero claro, a ellos no les importa eso en absoluto.

Ni a ti tampoco, que es lo peor.

Ser artista no es sólo lo que pintas, diseñas o videocreas. Es lo que eres, lo que sientes. Son tus cojones, tu dignidad, tu orgullo, tus convicciones, tu compromiso con la época en la que vives, tus valores, tu disciplina, tu valentía y tu esfuerzo. Todo eso. Y además talento artístico.

¿Lo tienes tú?

Piensalo...

Si de verdad no tienes nada que decir. No lo digas, sencillamente. Dedícate a la abogacía, al transporte de alimentos o a la restauración. Puedes ganar mucho dinero, quizás tu talento esté tasando fincas o haciendo auditorías. Pero no vengas a contaminarnos más aún con tus pretenciosas gilipolleces, porque ¿sabes que? Estamos cansados de gente como tú. Estamos cansados de tener que sentirnos gilipollas cuando no vemos sentido a algo que no lo tiene. Estamos cansados que te embolses miles de euros por no hacer nada y encima te descojones del mundo, y eso incluye a la mano que te da de comer, en la intimidad de tu loft pagado con nuestros impuestos.

Tú eres un ser miserable.

Y me repugnan los críticos de arte y los galeristas, y toda esa troupé de personajillos encandilados por la pátina de lo fashion y cool, con sus gafas de pasta y sus pelos imposibles. Son en su mayoría inútiles esnobs y pintores frustrados cuya única función es señalar con el dedito a cualquier pictosubnormal o acuarelista de arrabal, y ascenderlo a la categoría de artista consagrado. Son la voz de los que, en este negocio, ostentan el poder. Que dicho sea de paso son los más inútiles de todos. De ahí que necesiten una cohorte de putillas estilosas para sus operaciones en asesoramientos artísticos.

Vomitivo.

El arte no significa nada. No le den más vueltas. Lleva más de medio siglo siendo un engañabobos. Un terrible bulo. Una macabra broma sin gusto. Sólo es un mecanismo de relaciones públicas, un engranaje más de la maquinaria capitalista, un recurrente sistema para lavar las caras de empresas y politicuchos cuando su dudosa reputación comienza a apestar demasiado. Lo usan las cajas sociales, con sus asquerosas becas sin sentido, adjudicadas sin ton ni son. Lo usan las grandes empresas para hacernos creer que aún fluye algo de sensibilidad y humanismo por sus corrompidas venas de Tio Gilito. Con su apestoso dinero compran la poca dignidad que les quedaba a nuestros artistas.

Igual que nos tragamos los anuncios a sabiendas de que son patrañas sólo porque nos hacen soñar, seguimos reverenciando las mamarrachadas del arte moderno sólo porque no soportamos la idea de pasar por tontos.

¡Ya somos tontos!

Me repugna el público. Me repugno yo y todos los que, en esta postura, somos yo. Me repugna nuestro silencio de proletario, me corroe las entrañas el respeto ancestral que seguimos sintiendo por cualquier mamarrachada, absoluta y evidente, enmarcada en una sala de arte o galería. Entrelazamos las manos en la espalda o nos frotamos el mentón mientras aún nos seguimos preguntando, más de medio siglo depués de que empezaran a reirse de nosotros, dónde está el mérito de lo que tenemos delante. Y yo digo que tenemos que aprender a gritar:

¡Basta!

¡Vaya mierda!

¡Vaya un gilipollas!

¡Qué desfachatez!

¡Que le den por culo!

Y abuchear, y patalear en los cines cuando proyectan esas videocreaciones subvencionadas con nuestro dinero, ampulosas y pretenciosas, vacuas desde los créditos al The End, y gritar: ¡Pues a mi ésto me parece una gilipollez como una catedral! ¡Una tomadura de pelo! Porque en la mayoría de los casos estaremos acertando. El mismo autor sabe que es una mierda. Si puede ganar mucho dinero haciendo mierdas ¿quién se va a molestar en dedicarle tiempo y ganas a hacer algo auténtico?

Abramos los ojos. No necesitamos este arte vacío, caprichoso, desnaturalizado, anecdótico.
No necesitamos a sus artistas hedonistas, artificiales, adocenados y mal criados. Abramos los ojos y veremos, con gran asombro y estupor, nuestros genitales de emperador expuestos al escarnio público.

No necesitamos este arte. No necesitamos financiar patrañas millonarias cuando la gente de la calle pasa necesidades mucho más imperiosas. Hagámoselo saber a las instituciones públicas y privadas que los crean.

Alberto García. http://www.zoodiaco.blogspot.com/

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Subscribo al 95% el texto aquí expuesto. Un poco soez pero cierto.

Sólo dejar al descubierto lo que a mi me parece una pequeña contradicción. Si se está criticando al artista que no lo es, al que se caracteriza por vivir del cuento y de la sopa boba envenenada del Estado, entonces no entiendo por qué se le echa la culpa de todo al capitalismo, más bien habría que culpar entonces a la ideología imperante en la mayor parte de los sectores públicos y culturales, es decir, al socialismo/comunismo.

Es posible que esté equivocado.

Vivan los verdaderos artistas!! Viva la belleza!!

Quacking-pingüino absort-minded visions dijo...

Estoy de acuerdo en muchas cosas; en la mayoría, vamos.

Sin embargo, creo necesario matizar que la figura del artista, desde el Renacimiento hasta, en muchos casos, el Siglo XX, ha vivido siempre protegida bajo alguna forma de mecenazgo. Es decir, siempre han tenido que satisfacer los gustos de sus mecenas, lo que no es en absoluto distinto a lo que sucede hoy día.
El propio Beethoven tuvo que dedicar una sinfonía a un político que destestaba sólo por ganarse su favor. Miguel Angel dejó inacabadas muchas obras por no considerarse pagado lo suficiente, e incluso llegó a pedir indemnizaciones a los promotores por el perjuicio causado a la humanidad por privarla de dichas obras.

Quiero decir, que la idea del artista "puro" como paradigma del antimaterialismo, lleno de ideales, es relativamente reciente, surgida en la bohemia parisina del XIX.

Esa concepción del artista es la que ha sido, precisamente, uno de los gérmenes de las posteriores Vanguardias Históricas que han triunfado, como se ve hoy día, más de los hubieran soñado: el mundo ha aceptado destruir el objeto artístico, y ahora no tenemos nada.

Y en la nada, todo cabe, incluidos por supuesto los tontos a los que alude el texto.

Pero matizaciones aparte, es cierta la situación de podrebumbre que denuncia, y me gusta el tono del texto.

Saludos!!!

Anónimo dijo...

Que arenga mas exaltada! me imagino a un niño dando pataletas en el suelo.
Una cosa es el artista creador y otra el artista profesional y los hay q son las 3 cosas a la vez, y para q stas especies subsistan existe un gran entramado económico-social con sus reglas, estrategias y escalafones. y aparte está el ARTE. por ello no importan los premios, becas o ventas sino la obra y como la reciba el espectador y de ahí la lucha de todos los ismos:
la conquist del hombre libre sobre el product.
todos somos críticos y jueces y todos tenemos el derecho de expresarlo sin olvidar la emoción, q es para mi entender, el fin último del ARTE