Sentado en esta terraza, cuya bóveda le da apariencia de claustro, pasado el jardín en declive, pasado el camino que lo bordea, miras la bahía. Es temprano en la mañana, y apenas hace calor. Afuera, tras uno de los arcos, cae desde la altura una delgada fronda constelada de flores escarlata, que cubre el horizonte y al mismo tiempo, como sutil colgadura, lo trasluce. ¿Qué árbol es ése? Es un árbol tropical, que nunca habías visto. (Acuérdate de preguntar su nombre.)
Rumor distante de voces te hace atender abajo: con lentos ademanes, negro torso desnudo, calzón blanco, sombrero de paja, unos hombres trabajan en el camino, ¿Trabajan? Aquí tu conciencia parece de pronto sobresaltarse. ¿Trabajo? En este ambiente todo es, o parece ser, tan gratuito, que la idea de trabajo instintivamente quedaba excluida. Veamos. llegaste ayer y te vas mañana. ¿Vale la pena de recapitular ahora este olvido tuyo instintivo del trabajo y ese sobresalto tuyo instintivo al recordarlo?
Veamos. El mundo sensual, marino, soleado, donde por unas horas crees vivir, ¿es real? ¿No es un sueño inconcluso de tu juventud, que todavía persigues a lo largo de la vida? Aunque ese mundo fuera real, ¿sería el tuyo propio? Bien está hacer el amor, nadar, solearse, pero ¿podrías vivir así el resto del tiempo? Sé lo que vas a decir, ese mundo, sea o no real, es bastante. No hacer nada es para ti actividad bastante.
Este clima, entre otras ventajas, tiene la de indicar con más evidencia cuanto la vanidad y el aburrimiento contribuyen al exceso de actividad humana. Para vivir, ¿es necesario atarearse tanto? Si el hombre fuera capaz de estarse quieto en su habitación por un cuarto de hora. Pero no: tiene que hacer esto, y aquello, y lo otro, y lo de más allá. Entretanto, ¿quién se toma el trabajo de vivir? ¿De vivir por vivir? ¿De vivir por el gusto de estar vivo, y nada más? Bueno. Deja ahí el soliloquio y echa una mirada en torno.
Mirar. Mirar. ¿Es esto ocio? ¿Quién mira el mundo? ¿Quién lo mira con mirada desinteresada? Acaso el poeta, y nadie más. En otra ocasión has dicho que la poesía es la palabra. ¿Y la mirada? ¿No es la mirada poesía? Que la naturaleza gusta de ocultarse, y hay que sorprenderla, mirándola largamente, apasionadamente. La mirada es un ala, la palabra es otra ala del ave imposible. Al menos mirada y palabra hacen al poeta.
Ahí tienes el trabajo que es un ocio: quehacer de mirar y luego quehacer de esperar el advenimiento de la palabra.
Ahora levántate y marcha a la playa. Por esta mañana ya has trabajado suficientemente en tu ocio.
"Ocio" es un texto extraído de "Variaciones sobre tema mexicano (1949-1950)" de Luis Cernuda.
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lunes, 22 de junio de 2009
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2 comentarios:
y esa necesidad de escribir sobre esto o aquello? no basta con vivirlo?
y de paso, por qué esa manía de hacer la foto, no es suficiente saber mirar? acaso necesitamos testigos? aprobación? compartirlo para qué?
el texto es muy bueno, sí. pero innecesario... o no?
A mí me es útil leerlo, sin él el día de hoy se me hubiera hecho más difícil... y supongo que a Cernuda si no lo hubiera escrito. Escribir verdad es una necesidad... aunque a veces tenga días en los que piense como Arrabal: "escribir es un acto nocturno y compensatorio, yo lo que quiero es bailar."
Besos.
Felipe.
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