Capítulo G
Mientras ella sorminaba sus caternas yo arcoré mi capina por el gunio de sus trémidas gláneas, tupinándola en una grina de jitibios y milones. Le ferpodé las trofas con grumelos de nicorpa, ensorbí a guntar entre sus drumas, sopelando nilillas de su pondia. Ella sulpó mi tundra, ensimoniada, para que yo caldara su manimpa y así gulcamos en el treno de la púrnida toda la sedorna de nuestras múnicas blandianas. Meglumé frosnidas recondulias sobre la plunda merpa de su gurrianda manubia y un frenosín de astardas esopaldas me rendobló mis más sendorosos salpináqueos. Descubrí que Dios era un gran coño. Salieron nubes densas de mi polla, fuegos artificiales en mis ojos. Y dijimos “¡evohé!” los dos a un tiempo.
Tras el espauso, me visitó el vacío: las riminias de estarco me troquelaron vivo, los retuecos de marna trupinaron la bruna, la sancia de glendas acabó por quetarme, la rayina tesfórea me tracañó los ojos, el soplenio de andras terminó por trolarse con un sénido suntro que entilbó mis peandras. Drimé mis últimos trimelios ensolgados para fetuplinarme en una churcla que me hiciera trispar las omilunias, pero sólo logré quesarme con un rutaco de mísceras petrancas. Y le dije: ¡Ojalá te remandres por el surno, trúpeda, necrúpea, matalurga, que te futen el mestro por el rubo, gualijalda, tredopa, sutacarda, eres ñolpo de fruca sin grumínea, me has sincuneado en la mortraña de la guna más ansusta! ¡No rompendro tu numia! ¡Te rumigo!
Felipe B.
Un poema del libro "Wet floor", de Beatriz Aragón
Hace 9 horas
3 comentarios:
mucho más bonito este:
http://gotele.blogspot.com/2009/05/un-nieverlunio-cualquiera.html#comments
Te doy la razón en lo que comentamos hace escasos minutos, An... (qué me gusta aceptar críticas cuando están fundadas!)
Un abrazo.
agradable eres siempre en los comentarios... coño! digo dios! ¿es que sólo tus vómitos entienden en poesía, aunque sea prosada?
Publicar un comentario