Lo primero que hago si estoy triste es
buscar un cortaúñas (las tijeras no son
adecuadas para estos casos); siento
un extraño alivio al encontrarlo
se escondía
debajo
de una carpeta
de artículos
de periódico
antiguos; ahora la tarea
es doble; releo
los titulares -y me da por pensar
en tiburones-; luego corto:
empiezo por el meñique
del pie izquierdo y acabo
en el pulgar
de la mano derecha.
Porque sé del cambio
que está sucediendo
me dejo las uñas
en centrarme.
Felipe B.
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