Colecciono papeles, papeles cuadriculados con los márgenes violados, papeles de colores en los que hay dibujados poemas a mano alzada, camadas de papeles, papeles imberbes de 14 años, papeles cansados de hace una semana. Me sorprende lo que dicen, lo que me dicen de alguien que era yo hace unas horas, el polvo que ellos coleccionan en todos mis viajes. A veces con la excusa de tirar alguno, los recuento como quien recuenta canicas y doy con un pequeño relato “el cielo de los próceres” junto con la anotación L.N. Lengua Negativo. Dos siglas casi tan siniestras como las L.N. “libertad negra” con que los presos durante el franquismo eran liberados para ser fusilados al salir de prisión.
Esas dos letras me llevaron a un lugar donde los ventanales eran amplios, resignados a estar siempre abiertos, resignadas también las persianas a estar amarradas al techo para dejar pasar un calor eterno, caribeño, que empapaba las camisetas de poliéster –más amigas de otros climas- de unos niños apiñados en pupitres. Afuera de vez en cuando se escucha el crujir de las palmas de los cocoteros que resecas se abandonan y caen al suelo. Adentro se discute un trabajo, la biografía de Francisco de Miranda y mientras Simón Bolívar sonríe en su cuadro, encima de la pizarra, esta muy mal según la profesora que Miranda juegue al dominó en el cielo de los próceres junto a Bolívar, Sucre y Páez, porque faltan fechas, batallas, cuarteles y, a pesar de ser un colegio católico sobra cielo. El niño recogió sus folios y sus lágrimas y por un instante, que en el tiempo de niño son varios años, dejó de jugar. Y sonó el timbre y sonaron muchos otros timbres y el niño caminó entre fechas, batallas, cuarteles, hacía la libertad negra.
M.
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viernes, 12 de marzo de 2010
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1 comentario:
Los cocoteros que recuerdos,yo tenia un cuaderno tuyo que en esas guerras de cuadernos cayo en mis manos, con algunos versos debutantes pero cuando volvi a Venezuela ya no estaba.La cancha de cemento sin redes en los arcos que atraparan nuestras ilusiones.Que grande Michelangelo.
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