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Cachorro de tigre mordisquea
una esquina de su triste pupitre.
Se agota su fiereza, su pelaje
pierde brillo, cada vez más mascota.
En el aula –jaula de ensoñaciones-
el resto de tigres no aprenden
lo que saben: Melena de León
no enseña la lección sino a sus hijos,
de seguro los mismos que mañana
cegados por la ira y el virulento miedo
de sus padres darán clases de clases
de clasismo en los mismos
colegios de derrota.
Cuando en la tensa mañana
de sermones que él no escucha
la musaraña que le instruye
le viene a hacer cosquillas
en el alma, Cachorro divisa
un cerro a la izquierda, rompe
los cristales dando un salto,
respira su fuerza y subido
a una loma escapa de la doma,
su pelaje salvaje reaparece
al contacto directo con la brisa
y escupiendo las astillas
de los malos recuerdos
se dispone al empape
de su próxima esencia.
Felipe B.
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viernes, 26 de febrero de 2010
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2 comentarios:
Que maravilla corazón, este poeta artista me conmueve cada día más.Estos registros te sientan muy bien, espero que este alma de león rompa las ventanas de tu casa algún día cercano, mil besos.
Anónimo, no tengo alma de león, tengo alma de tigre! Un beso.
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