La lágrima vino del mar
y en el delta de las entrañas
conviven mis mares.
no les pongo nombre
los fantasmas que yacen en sus playas
se encargan de susurrármelos
y apagan cigarrillos en mi cuerpo
mientras me tuesta el cielo nublado
Los océanos, aún más inmensos
tampoco tienen nombre.
los reconozco porque, según paso
se aglomeran sirenas obesas
de dulce canto
que se alimentan de mi miedo
de mi despecho o de mi odio
La risa sin embargo
responde a otro ciclo hidrográfico
se evapora rápidamente
y se acumulan en las nubes
que tampoco tienen nombre
y a veces cuando miro al cielo
tendido en una playa junto a mis fantasmas
puedo ver mis alegrías blancas
en un tendedero azul
y río
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martes, 25 de agosto de 2009
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