Con aire ceñudo lo mira el búfalo, más interesado en la playa arenosa, aún más en los matorrales y sobretodo en el cenegal.
¡Qué le importan la belleza y el mar y el esplendor del pavo real!¡Tomen nota de esta alegoría los poetas!
¡Su propio espíritu es el pavo real de los pavos reales un mar de vanidad!
Clama el espíritu de los poetas por espectadores, ¡Así sean búfalos!
Me he cansado de este espíritu: y día llegará en que él se cansará de sí mismo.
Ya he visto a los poetas cambiados y con la mirada fija en sí mismos.
Así hablaba Zaratustra. Nietzsche.
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