sábado, 20 de diciembre de 2008


TRIGORIN: hablemos de mi bella y luminosa vida. ¿por dónde empezamos? (después de pensarlo un poco). se dan situaciones obsesivas, situaciones en las que una persona se pasa el día y la noche pensando en algo... en la luna, pongamos por ejemplo. bueno, pues yo también tengo mi luna, una idea fija me persigue día y noche: tengo que escribir, tengo que escribir, tengo... no sé por qué razón, apenas he concluido un relato, tengo que escribir otro, luego otro, y otro. escribo constantemente, sin parar, como quien viaja por la posta. y no puedo remediarlo. ¿quiere usted decirme qué tiene esto de bello y luminoso? es una vida infernal. ya ve: estoy aquí, con usted, emocionado, y sin embargo no olvido ni por un instante que me espera un relato inconcluso. veo una nube que se parece a un piano de cola y me digo: tendré que mencionar en algún relato que flotaba una nube en forma de piano de cola. huele a heliotropo. al momento, tomo mentalmente nota; aroma dulzón, la flor de las viudas, mencionarlo en la descripción de una velada estival. estoy al acecho de cada una de mis frases, y de las suyas, de cada palabra, y me apresuro a encerrar estas frases y estas palabras en mi despensa literaria por si me sirven algún día. cuando concluyo un trabajo, corro a un teatro o voy a pescar. buen momento para descansar, para relajarse, ¿verdad? pues, no; ya me ronda la cabeza la bola férrea de un argumento nuevo, ya me atrae mi mesa de trabajo y tengo que ponerme a escribir, a escribir. y así siempre, siempre, sin darme un respiro. noto que devoro mi propia vida, que para obtener la miel que ofrezco a alguien en el espacio, recojo el néctar de mis flores más preciadas, arranco esas flores y pisoteo sus raíces. ¿acaso no estoy loco?


anton chejov ('la gaviota')

No hay comentarios:

Publicar un comentario